Los pecados de mi padre

La Pietá

                                                            Mirándote, Zacatecas, México, 2014© Liza Ambrossio

 

MY FATHER´S SINS

 

Like Saint Francis of Assisi said to his father, after he was imprisoned, flogged, accused of been a swindler, dishinderit, repudiated, stripped of his clothes, reproached, judged and abandoned by him:

“Listen everybody and understand me: till now, I have named Pedro Bernardone to my father, but as long as I have the intention to make a commitment to God’s service, I return him the money because of which he’s so angry and all the clothes that he has given me, and I want to tell from now on: Our Father, who art in heaven, and not Father Bernardone”.

The series build a treatment about the ascetic and mystic relationship with my father. A cathartic circuit that at the same time is the discharge of the inherited culpability, the repression and the thirst of superiority learned in the family circle and that is sacralized by religion.

It’s an answer with many forms that perpetuate, symbolically and imaginary around one essentialy lacking personality who, in spite of its omission, produce a mystic and revealing experience over a trace of the wickedness that is exorcised in a violent, mysterious, divine and painful way.

 

 

LOS PECADOS DE MI PADRE

Como dijo San Francisco de Asís a su padre, después de haber yacido aprisionado, azotado, calumniado de estafa, desheredado, repudiado, despojado aun de su vestimenta, recriminado, enjuiciado  y desamparado a su suerte por el:

»Oídme todos y entendedme: hasta ahora he llamado padre mío a Pedro Bernardone; pero como tengo propósito de consagrarme al servicio de Dios, le devuelvo el dinero por el que está tan enojado y todos los vestidos que de sus haberes tengo; y quiero desde ahora decir: Padre nuestro, que estás en los cielos, y no padre Pedro Bernardone».

La serie edifica un tratamiento sobre la relación ascética y mística con mi progenitor. Un circuito catártico en que lo ascético, que es el desahogo de la culpabilidad heredada, la represión y de la sed de grandeza, aprendida en el ceno familiar, se ve a su vez sacralizada por la religión.

Es una respuesta pluriforme que se perpetúa, simbólica e imaginaria en derredor a una personalidad esencialmente nula, que, pese a su omisión, produce una experiencia mística y reveladora  sobre una huella procesual de la privada iniquidad, que se exorciza de forma violenta, misteriosa, divina y dolorosa.